Invertir en visibilidad siempre ha sido prioritario
Invertir en publicidad, en una web con “luces y color”, en estrategias SEO para conseguir más leads, en una sala “full-equiped” donde recibir visitas, en participar en proyectos de inseminación de cebras en Senegal —aunque no las haya… aún!!— y así poderlo contar, siempre ha estado entre sus prioridades “extra-presupuestarias”.
Adquirir notoriedad en el mercado, que nos conozcan, que vean lo bien que trabajamos, nuestra seriedad en el cumplimiento de los acuerdos, nuestros “casos de éxito”… es también su cometido.
En definitiva, exigirnos lo mismo que antaño se le imponía a la mujer del César: que, “aparte de ser decente, debía parecerlo”, y no necesariamente en ese orden.
Cuando el “bombo y platillo” tapa las vergüenzas
Aunque también hay quien usa este “bombo y platillo” para sobre-embelesar, estirar más el brazo que la manga y esconder sus “vergüenzas”, en vez de atajar los problemas de raíz.
Y no juzgo ni digo que no esté bien hecho así —y que no se haya de seguir apostando por ello de manera firme y activa—, porque cada uno invierte en aquello que le parece más interesante, lucrativo y/o placentero. Faltaría “plus” que ahora apareciera yo con “moralinas”.
Medir antes de dar algo por bueno
Mi consejo, como para cualquier otra iniciativa, es establecer antes un mecanismo estadístico de “medida” para poder evaluar:
- su efecto balsámico,
- su positiva repercusión,
- y, por supuesto, el retorno de la inversión.
Algo que no siempre es fácil de mesurar y que, demasiadas veces, por sensación, conato o intuición, se da por bueno.
Y, obviamente, este impulso innato y endémico no pasa desapercibido por quienes ofertan este tipo de “lustres”, conscientes de que su público objetivo, por convicción, está dispuesto a dejarse incluso un “plus” en ello, sin poner demasiados reparos siempre que se sienta “querido”.
Dejar de perder dinero también es ganarlo
El problema es que no siempre nos damos cuenta de que “dejar de perder dinero” también es otro modo de “ganarlo”.
Y, para ello, también es necesario “invertir” en herramientas “feas”, pero que nos faciliten su gestión y ayuden a minimizar estas pérdidas.
En vez de contrarrestarlo con “más” de lo anterior o contentarnos con poner “tiritas” o “cataplasmas”.
Analizar causas, no solo tapar consecuencias
A parte de apostar de manera seria en “prevención” para anticipar “desgracias”, debemos optar por analizar las CAUSAS y erradicarlas.
Solo así podremos evitar:
- averías repetitivas,
- anomalías recurrentes,
- desviaciones continuadas,
- impactos económicos “hirientes”.
Algo, por otra parte, fácil de medir.
La metáfora de la transfusión
Una transfusión puede apañar una anemia.
Pero a la tercera, debemos descubrir qué la provoca.
Y, para ello, también debemos invertir ahí, Pedrín.
El traje importa, pero lo que hay debajo también
Un buen traje es importante, pero cuidar aquello que viste y oculta también.
La solución pasa por dejar de ser “mona”, porque “aunque la mona se vista de seda…”.