Primero registrar bien. Después analizar
Por tanto, es vital asegurar antes que nada el registro de nuestros datos.
Y para eso no importa tanto: el software o la plataforma donde se registren, las capacitaciones o formaciones “premium” que se hayan podido dar a los registradores, ni los informes posteriores que pretendamos obtener.
Lo que se necesita es COMPROMISO en el proceso. Y no solo involucración.
Compromiso desde el principio y en el tiempo
Ese compromiso debe estar presente tanto en la fase inicial de implantación como, a partir de entonces, a lo largo del tiempo.
Sin relajación.
Tanto por parte del registrador como de su responsable. Porque el responsable no puede bajar la guardia a la primera de cambio a nivel de seguimiento y control.
Entonces… ¿para qué narices registramos?
El registro periódico de unos datos no tiene sentido si posteriormente no podemos estudiarlos estadísticamente.
Pero tampoco tiene sentido si esos datos son “una mierda”.
Quizás sirva para justificar algo.
Pero, en realidad, se trata de una pérdida de tiempo!!!!
¿Qué debemos registrar?
TODO: Entendiendo como “TODO” aquello que queramos registrar. Y eso lo decidimos nosotros. Ahora bien, SIEMPRE que se dé una parte de este TODO, debemos registrarlo. No solo cuando nos venga en gana.
ÚTIL: Registramos solo información útil. Información sensible a ser estudiada estadísticamente a posteriori o simplemente descriptiva. Preferiblemente, información no repetitiva ni ya existente en otros sistemas.
BIEN: Lo registrado debe ajustarse SIEMPRE a la realidad. Y una misma situación debemos registrarla SIEMPRE de igual manera. Si algo es BLANCO, debemos registrarlo siempre como BLANCO. Y no, dependiendo del tiempo o del humor de ese día, como: MARFIL, HUMO o HUESO.
COMPLETO: Debemos registrar siempre los mismos datos ante una misma situación. Porque si cada vez registramos una cosa diferente, después no podremos comparar, interpretar ni concluir nada con un mínimo de fiabilidad.
Registrar bien no siempre es fácil
Esto no es fácil garantizarlo, sobre todo si el registro es manual.
Podríamos pensar entonces que no “cualquier hijo de vecino” es capaz de registrar.
Pues sí, así es, amigo!!!
Aunque eso no significa que no pueda participar.
Simplemente, se requiere de un “experto” que valide lo registrado antes de cerrarlo y darlo como bueno. Y no hace falta que sea el director general.
El papel del experto
Ese experto debe haber participado en la implantación del registro.
Debe saber: qué hacemos, por qué lo hacemos así, qué beneficios esperamos obtener de ello, y cuándo un dato puede darse realmente por bueno.
Porque validar no es desconfiar.
Validar es asegurar que aquello que después vamos a analizar tiene sentido.
Cuando un KPI huele mal
Además, como siempre se escaparán cosas —porque el día a día nos exige más que probablemente el propio registro, que muchas veces es un “a más a más”—, cada vez que ante un KPI nos salgan resultados “sospechosos”, deberemos indagar.
Si algo huele mal, habrá que revisar si se trata de: un problema de registro puntual, un problema de registro generalizado, una mala interpretación del dato, o una desviación real que debemos atacar. Y, en caso de detectar el problema, subsanarlo.
Huir de la “mierda”
No es sobre-gestión.
No es una pérdida de tiempo.
No es menospreciar al registrador de primera instancia.
Simplemente, es huir de la “mierda”!!!!